El primer día de vacaciones es el que más se disfruta. Aunque no viajes. Aunque no puedas permitirte grandes lujos. Se disfruta porque tu tiempo es para ti. Tus minutos se hacen horas y la vida pasa de otra manera. El primer día es para desayunar fuera bien temprano con tu periódico y tu paseo sin prisas. Es para degustar un café normal pero que sabe a otra cosa. Es para charlar de todo y de nada. Es para perderte entre tus pensamientos.
El primer día de vacaciones retomo el libro que dejé meses atrás para adentrarme por fin en él. Pero antes de ello es para devorar una bolsa de patatas que nunca compras acompañada de una cerveza congelada. Y enciendes la tele. El aire acondicionado junto al ventilador es tu nueva banda sonora en una ola de calor eterna. Y tú encima vives en una de las ciudades más calurosas, pero es tu primer día de vacaciones y es para disfrutarlo. Disfrutas el arroz cocinado durante horas y bromeas que sabe mejor que en la playa. Sabes que no es verdad. Que la brisa marina arregla hasta la puñalada que te van a meter en una paella normalita, pero tú juegas con la imaginación y los sabores empiezan a conocerse. En un salón con las persianas evitando cualquier indicio de luz, la paella maridada con un vino blanco fresquito te hace feliz un ratito. El tiramisú termina por completar el menú degustación del día para anticipar una siesta infinita con películas veraniegas y el susurro del ventilador. Los perros resoplan y se hacen un ovillo.
Y después del descanso consideras que es buen momento para volver al periódico, pero dentro de la bañera. El agua y el papel no casan bien, pero mira, una trata de romantizar cualquier momento de este primer día de vacaciones. Una lata de cerveza termina derramándose y el olor se funde con el coco del gel que también acaba vertiéndose al suelo tras el torpe intento de sujetar en una mano el periódico y con la otra la lata que trata de cumplir su función pese a encontrarse con el escollo de la mascarilla hidratante bien colocada sobre la tez para que la hidratación no sólo sea para el cuerpo. Esta odisea evoca con los aromas a la orilla del mar, puesto que el coco podría ser de una crema protectora y la bebida reposar sobre arena blanca y aterciopelada. Porque soñar es gratis y el primer día de vacaciones las películas, pizzas y bebidas espirituosas cumplen con su misión: permitirte sentirte bien sin salir de tu piso alquilado al refugio de los 42 grados que azotan Córdoba sin dar tregua. El segundo día de vacaciones ya vendrán las obligaciones de limpieza y compra, pero cómo se ha disfrutado el primero.
(Mientras escribo esto escucho ‘Ocean Lofi Vibes 🌸 Japanese Shoreline Ambience with Relaxing Beats🌊 Soft Lofi Chill Beats’ porque una sigue soñando con las olas y veranos que este año se antojan imposibles).